Antes de que una solución llegue a la industria, hay años de trabajo, inversión y aprendizajes que rara vez aparecen cuando se presenta el resultado.
Por Claudia Pohl / Gerente – Socia en Ad-Infinitum.
Cada vez que presentamos una innovación solemos hablar de lo que hace y del problema que ayuda a resolver. Es natural. Pero esa mirada deja fuera una parte enorme de la historia: las pruebas que no dieron el resultado esperado, los ajustes que hubo que repetir, el tiempo que tomó comprender mejor el proceso y los esfuerzos en conseguir financiamiento adicional, si fuese el caso.
Volví a pensar en esto durante la reciente «X Conferencia del Foro del Litio», realizada en Santiago. En una de las presentaciones acerca de un desarrollo de tecnología en base a la extracción directa de litio (DLE), se habló del tiempo y los recursos que ha requerido desarrollar una solución específica para esta industria. Más allá de la tecnología, me sorprendió, nuevamente, todo el trabajo que hay detrás de cada avance, y todos los recursos invertidos en ello.
A veces pasamos meses, o incluso años, probando una alternativa que parecía prometedora y, al llevarla a condiciones más cercanas a la operación, descubrimos que no funciona como esperábamos. Entonces, toca revisar los datos, entender qué ocurrió y decidir cómo seguir.
En Ad Infinitum lo hemos vivido de cerca al trabajar en DLE y en el desarrollo de nuevas formas de separar sólidos y líquidos en una planta de carbonato de litio y otras tantas tecnologías utilizadas en la minería no metálica. Son desafíos diferentes, pero todos exigen formular hipótesis, hacer pruebas, analizar resultados y ajustar el rumbo cuando algo no sale como esperábamos.
La industria necesita respuestas, y es razonable que las espere. Cada vez es más necesario adaptar la forma de hacer las cosas de acuerdo con nuevos requerimientos ambientales y económicos. Por eso, creo que vale la pena hablar también de lo que ocurre antes de cada resultado. Detrás hay profesionales que diseñan pruebas, revisan datos, discuten interpretaciones y están dispuestos a corregir el rumbo, incluso cuando todavía no hay una solución que mostrar.
Con los años he aprendido que un resultado no cuenta toda la historia. También importa el criterio con que un equipo interpreta una prueba, reconoce sus límites y decide qué hacer después.
Por eso quiero reconocer al equipo de Ad Infinitum y a quienes han confiado en nosotros para abordar estos desafíos. Su trabajo y esa confianza permiten seguir investigando, probando y aprendiendo, incluso cuando el camino resulta más largo de lo previsto.

